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Día uno. Aparcamiento, aeropuerto, viaje de ida, llegada, tarjetas de transporte, hotel. Covent Garden.

Y por fin llegó el ansiado día. Salimos de casa rumbo Londres.

Llegamos en coche hasta la M-40, seguimos por la M-13 y, pasado el peaje de salida, tomamos la dirección 'Salidas'. Tras atravesar el control de peaje de entrada a la T4, vamos dejando la terminal a la derecha, hasta llegar al control de salida.
Ruta para llegar al aparcamiento de larga estancia del aeropuerto de Barajas.

Tomamos el carril de la derecha, dirección Burgos, seguimos por la derecha, y en la rotonda torcemos a la derecha.

Aquí seguimos las indicaciones hasta el aparcamiento. Aparcamos el coche, anotamos el número de la plaza donde lo habíamos dejado, y fuimos a la recepción del aparcamiento.

Allí entregamos la hoja de la reserva de aparcamiento, que llevábamos imprimida, y nos dieron un resguardo que habría que conservar para recoger el vehículo.

Conviene recordar bien donde lo guardáis, ya que aunque lo necesitaréis tan sólo dentro de una semana, después de tantas emociones, puede resultar difícil encontrarlo, y sin él no os dejarán recoger el coche para regresar a vuestra casa...
Caseta de recepción del aparcamiento de larga estancia del aeropuerto de Barajas.

Nos montamos en el microbús, que nos llevó de inmediato a la terminal 4 de Barajas.

Este fue quizás el motivo principal de escoger este aparcamiento entre otros muchos: que te llevan de inmediato al aeropuerto. En otros casos, en las webs respectivas indican que la frecuencia de los traslados es entre 15 y 30 minutos.

Ahora había que hacer el check-in. Lo podíamos haber realizado a través de internet, pero dado que hacía tiempo que no viajábamos en avión, preferimos realizarlo de forma manual en el aeropuerto.

Azafata virtual del aeropuerto de Barajas en Madrid.
Allí mismo, había dispuestos un montón de terminales automáticos para realizar el check-in, pero por los mismos motivos nos decidimos por el procedimiento del siglo pasado: acudir al mostrador.

Craso error, porque debido a ello nos asignaron asientos no contiguos. Así que ya sabéis, conviene meterse 24 horas antes en la página de internet de la compañía aérea para reservar los asientos que prefiráis, y poder ir todos juntos.

Facturamos el equipaje, pasamos el control policial, y nos fuimos a la zona de espera. Aquí conviene recordar que consultéis en la página web de la compañía aérea las dimensiones y pesos máximos permitidos para las maletas a facturar, así como los objetos que permiten llevar en el equipaje de mano, ya que si no podríais tener algún problema en los controles policiales, o sufrir un retraso en el paso por los mismos, lo cual puede ser frustrante si llegáis con el tiempo justo.

Enseguida salió en los paneles informativos el número de nuestra puerta de embarque. Si bien no nos tocó desplazarnos hasta la terminal T4S, lo cierto es que la puerta estaba bastante alejada de donde nos encontrábamos. Así que tuvimos que andar bastante hasta llegar a la misma.

Embarcamos. Y una vez ubicados en nuestros asientos, le comentamos a la tripulación la posibilidad de cambiar nuestros asientos.

Cuando habían embarcado ya todos los pasajeros, consiguieron sentarnos juntos de 2 en 2. Desde aquí quiero enviar un mensaje de agradecimiento y felicitación a la tripulación, que fue tan amable y eficiente de conseguir que fuésemos todos juntos. Y a los pasajeros que consintieron en cambiar su asiento.

De esta forma los adultos ya no pasaríamos miedo en el despegue, ya que todos íbamos acompañados de un niño...

Centro de Londres visto desde el aire.
El avión despegó sin sobresaltos y, a pesar de que hacía un sol de justicia, y una temperatura cercana a los 40 grados en Madrid, enseguida el suelo se cubrió de nubes, que no nos abandonarían hasta el momento del aterrizaje.

Llegamos a los cielos de Londres a la hora prevista, y allí el avión tuvo que dar un par de vueltas hasta que la torre de control permitió el aterrizaje.

Mientras tanto, podíamos comprobar desde el aire la inmensa extensión de la ciudad de Londres.

Vislumbramos desde el aparato los jardines de Hyde Park y Holland Park, y todo el oeste de la capital, hasta que el avión tomó tierra en Heathrow.

Bajamos del avión, y tuvimos nuestro primer contacto con la lengua de Shakesperare, cuando tuvimos que pasar el control de aduanas.

Sellos de pasaportes.Mostramos los pasaportes y tuvimos una de las pocas decepciones del viaje. Le pedimos a la oficial que nos atendió que nos sellase el pasaporte, y nos comentó que no ponían sellos.

Como hacía un tiempo que no viajamos al extranjero, no sé si ya no ponen sellos en ninguna frontera, o sólo allí.

Seguimos nuestro recorrido por el aeropuerto de Heathrow en busca de nuestros equipajes. Consultamos unos panales donde indicaban en qué cinta aparecerían nuestras maletas, y fuimos hasta allí.
Terminal T4 del aeropuerto de Barajas.

Una vez recogidas, nos preparamos a afrontar nuestro segundo contacto con el inglés.


Nos dirigimos a la oficina de información de los transportes de Londres que hay en el mismo aeropuerto, como bien nos había indicado un amigo nuestro que había viajado hacía un año.

Allí compramos la Oyster, cargamos la Travelcard, así como un dinero adicional para el trayecto en metro desde Heathrow hasta el centro de Londres (el aeropuerto está en la zona 6 de los transportes, por lo que la Travelcard para las zonas 1 y 2 no nos permitía llegar hasta el centro).Y lo pagamos todo con tarjeta, mostrando tan solo el DNI. Todo esto conviene que lo consultéis con anterioridad en la web de transportes de Londres. En función del número de viajeros, su edad, y el tiempo que vayáis a estar en Londres, os convendrán unas tarjetas y otras.

Hay otras formas de llegar a Londres (tren de cercanías, autobuses, etc.). Pero dada la ubicación de nuestro hotel, el metro era la opción más económica, práctica y directa.


Ruta a través del metro de Londres para llegar desde el aeropuerto de Heathrow hasta Old Street Square.

De hecho, como la línea que sale desde la terminal 4 de Heathrow es la Piccadilly, que atraviesa toda la ciudad de oeste a este, puede ser la opción más práctica de llegar a vuestro hotel en la mayoría de los casos.

Además, al ser comienzo de línea, te aseguras ir sentado durante el trayecto (que hasta el centro de Londres es casi de una hora).

Barreras del metro de Londres.
Así que cogimos el acceso al Underground y tomamos el metro. Para pasar con las barreras con los niños, hay 2 opciones. La primera de ellas, menos aconsejable, es utilizar las barreras normales, pasando nuestra Oyster card por encima del lector amarillo.

Dado que el tiempo que dejan para atravesar las barreras es mínimo, tienes que pasar con el niño muy pegado, para que no se cierre mientras estás pasando y te dé un ligero golpe.

Hay vigilantes en todas las entradas, pero ninguno te pondrá ninguna pega por hacerlo así. Más que vigilantes, debería referirme a ellos como 'ayudantes', ya que son muy amables.
Barreras para minusválidos en el metro de Londres.

La segunda opción, más aconsejable, es la de utilizar la barrera para discapacitados, que hay en gran parte de las estaciones. Se trata de unas barreras con mucha más amplitud, y que tardan más en cerrarse. 

Una vez montados en el metro (sorprende la alta frecuencia de los trenes en todo Londres), atravesamos los barrios periféricos de la campiña inglesa del oeste Londres, viendo desde el metro numerosas casitas típicas inglesas, con multitud de zonas verdes, hasta que finalmente abandonamos la superficie y el metro se interna en el subsuelo de la capital.

Tras una hora, descendemos en la estación de King Cross-St. Pancras, y tomamos la línea Northern hasta la estación de Old Station.
Indicación de salida al exterior en el metro de Londres.

Nos bajamos, seguimos las indicaciones de way out (hay que reconocer que la señalización del metro londinense es bastante buena, hay carteles indicadores y planos por todas partes), y tomamos contacto por vez primera con nuestro ansiado Londres.

Reconocemos la plaza de Old Street gracias a nuestras previas visitas virtuales a la misma a través de Google Earth, cuando buscábamos establecimientos cercanos al hotel donde poder desayunar o cenar, y nos encaminamos hacia el hotel, a escasos 100 metros de distancia de la boca del metro.

Recepción del hotel de Londres.Una vez en recepción, donde todo el mundo que nos atendió fue exquisitamente amable, tuvieron a bien alojarnos, junto con la otra familia de amigos con los que viajábamos, en habitaciones contiguas. 

La habitación estaba muy bien. Mobiliario nuevo, cuarto de baño espacioso y limpio, y armarios sin puertas (estilo inglés).

Había una cama de matrimonio, y dos camas supletorias para los niños. Ello no dejaba demasiado espacio para moverse, aunque sí el suficiente para el uso que le íbamos a dar a la habitación.

Abandonamos las maletas en la habitación, y salimos corriendo a la calle, para aprovechar lo que quedaba de tarde.

Mapa de autobuses que pasan por Old Street.

Justo delante de la puerta del hotel estaba la parada de la línea de autobuses que nos iba a llevar cerca de Covent Garden. Mientras llegaba el autobús, estuvimos mirando los planos e indicaciones de las distintas líneas, y hay que reconocer que son bastante explicativas y fáciles de entender. La red de autobuses de Londres es bastante extensa, cuenta con numerosas paradas y líneas, gran parte de las cuales pasa por Trafalgar Square, y la frecuencia de paso es bastante alta, por lo que resulta un medio de transporte muy útil para los turistas. Además, al parecer en las taquillas del metro facilitan un mapa con las distintas líneas, aunque esto no lo llegamos a comprobar.


Autobús londinense de dos pisos. Pues bien, tras pocos minutos de espera, era la hora de montar en un 'double decker', los famosos autobuses rojos de 2 plantas, uno de los símbolos de la capital británica. Funcionan desde 1829 (al principio tirados por caballos), y surgieron con la idea de ahorrar gastos en conductores. Su color (igual que el de las cabinas telefónicas) obedece a simples criterios de visibilidad, muy importantes sobre todo en invierno, cuando la niebla se instala sobre la ciudad.

Entramos sin problema con nuestras tarjetas Oyster y, evidentemente, fuimos a sentarnos al piso de arriba.

Viajamos de Old Street hasta Aldwych Square, disfrutando de cada detalle que veíamos por las ventanas: las típicas cabinas telefónicas, la circulación por la izquierda, las bellas avenidas y los extraordinarios edificios de cuatro plantas que pueblan toda la extensión de Londres. 

Hay que tener cuidado con prever a tiempo la parada donde hay que bajarse, ya que se necesita un tiempo para bajar al piso de abajo, y a lo mejor se te pasa la parada.

No obstante, la circulación no es excesivamente fluida, y además los conductores suelen ser bastante permisivos con los viajeros turistas despistados. Además, y a diferencia del metro, las paradas de autobús están bastante próximas unas a otras, por lo que un despiste tan solo os costará un paseo de unas decenas de metros.

Plaza de Aldwych en Londres.

Nos bajamos en Aldwych, y desde allí nos dirigimos a Covent Garden. 

Jubilee Market Hall en Covent Garden, Londres.


A pesar del extraordinario ambiente que había en Covent Garden, tuvimos suerte y conseguimos sentarnos en una terraza en la misma plaza, frente al Museo de los Transportes de Londres. No figuraba dentro de nuestros planes visitarlo, a pesar de que dicen que los niños se lo pasan bastante bien en él. Si estáis interesados, podéis visitar este enlace.

Entrada al Museo de los Transportes de Londres.

Pudimos comprobar que el reformado mercado de abastos contiene en su interior numerosos establecimientos de restauración en los que reponer fuerzas.

Interior del mercado de Covent Garden, Londres.

Éstas van a ser necesarias para admirar los puestos ambulantes del mercado, las originales actuaciones de distintos artistas alrededor del mercado, o la multitud de tiendas que rodean la plaza. 


Covent Garden.

Esta plaza constituye una obligada visita para todo viajero en Londres, y siempre encontraréis alguna actuación musical, de magia, de mimo, que hará las delicias de los pequeños. 


Actuación callejera en Neal Street.

Abandonamos Covent Garden, y a escasos metros encontramos un lugar donde cenar: Maxwell's, un restaurante de comida americana. Una vez consumidos los refrescos mientras esperábamos el encargo realizado, y dada la ligera tardanza en servir la comida (estaban un poco desbordados, ya que celebraban su 4 de julio, día de la Independencia), pusimos a prueba los conocimientos adquiridos previamente al viaje. 

Solicitamos una 'jar of tap water', que nos sirvieron de inmediato. Una jarra con agua 'del grifo', que se puede beber sin ningún temor a adquirir ninguna enfermedad estomacal, y que los camareros de todos los bares, pubs y restaurantes sirven amablemente y de forma gratuita, con hielo y un trocito de limón.

Escaparate en Neal Street.

Tras la cena, paseamos por la calle comercial de Neal Street, llegamos hasta la plaza de Seven Dials (Volveríamos días más tarde para encontrar la séptima esfera del reloj, invisible a estas horas), bajamos por St. Martin Street, hasta llegar a Trafalgar Square.


Trafalgar Square por la noche.

Ya era de noche, y en un principio nos desilusionó un poco la escasa iluminación de la plaza, no así de la National Gallery y de St. Martin in the Fields.


Vista nocturna de la iglesia de St. Martin in the Fields.

Hicimos unas cuantas fotos, y decidimos dar por concluido nuestro primer medio día en Londres, regresando en metro hasta el hotel.





Día siete. Greenwich, Cutty Sark, Museo Marítimo, Observatorio Real, Támesis, Trafalgar Square, Carnaby Street.

Íbamos a comenzar nuestro último día completo en Londres. En este caso, el planning era ir por la mañana a Greenwich, y pasar la tarde por el centro para comprar algunos regalos.

Real Observatorio de GreenwichCutty Sark

Nuevamente cogimos a línea de metro Northern, aunque esta vez en dirección sur. En la estación de metro de Bank cambiamos de línea, y nos montamos en un tren de cercanías DLR (Docklands Light Railway) en dirección a Lewisham, que nos llevaría directos hasta Greenwich, sin salirnos de la zona 2 de los transportes de Londres.

Rascacielos de Canary WharfRascacielos de Canary Wharf

Gran parte del recorrido de esta línea de este tren de cercanías sin conductor lo hace por encima de la superficie, lo cual agradecemos, ya que nos permite admirar todos los imponentes edificios de la zona supermoderna de Canary Wharf.

Rascacielos de Canary Wharf

Además, podemos incluso atisbar la cúpula del O2, a través de los edificios.

Cúpula del O2

Cruzamos el río Támesis por debajo del agua, y llegamos a la estación de metro de Cutty Sark. Al salir de la estación, nos encontramos sumergidos en un barrio absolutamente encantador.

Calles del barrio de GreenwichCalles del barrio de Greenwich

Recorremos una pequeña calle, y nos topamos de frente como el fantástico barco Cutty Sark. Nos hacemos unas fotos delante de este barco, que ganó una regata para barcos ligeros desde la India, y dejamos la posible visita del mismo para después, si nos da tiempo y si los niños no están demasiado cansados.

Vistas del barrio de Canary Wharf desde Greenwich

El magnífico barco Cutty Sark

Abandonamos la plaza donde está situado este barco, y nos dirigimos hacia el nacional Maritime Museum, atravesando los bonitos parterres de este parque de Greenwich.

Avenida del parque de GreenwichAvenida del parque de Greenwich

Dejamos a un lado el museo de la Queen's House, un palacio real construido para la reina, que nunca habitó y que jamás fue residencia real. Podéis echar un vistazo a la web del mismo en este enlace, por si os interesa verlo.

Edificios del National Maritime MuseumAvenida del parque de Greenwich

Llegamos al National Maritime Museum, cuya web puedes visitar en este enlace. Una nueva entrada gratuita y sin colas, y accedemos al patio principal. Si bien es cierto que había una exposición temporal que sí costaba dinero, entendimos que no tendríamos tiempo de visitarla.

Edificios del National Maritime Museum

Una vez en el interior, comenzamos visitando las exposiciones de los descubridores británicos. También vimos la sección dedicada a los barcos de guerra. Llegamos a un punto en el que no sabíamos por dónde tirar, así que nos dejamos guiar por las amabilísimas explicaciones de una empleada del museo.

Fachada principal del National Maritime MuseumFachada principal del National Maritime Museum

Así pudimos llegar hasta el primer piso, donde había una exposición de maquetas de navíos de distintas épocas, y una sala con actividades para niños, con las que se lo pasaron bastante bien.

Nos encaminamos a la sección más interesante para ellos del museo, la sala de navegación, donde podías conducir virtualmente un barco. Pues bien, por problemas informáticos estaba cerrada, por lo que concluimos antes de tiempo la visita al museo, un poco decepcionados.

Cúpula del O2Rascacielos del Canary Wharf desde Greenwich

Rascacielos del Canary Wharf desde GreenwichJardines de Greenwich

Ahora íbamos a subir colina arriba camino del observatorio astronómico. Conforme íbamos ascendiendo, se veían unas vistas de Greenwich y de la otra orilla del río francamente preciosas.

Jardines de Greenwich

Una vez arriba, vimos un cartel que exponía las distintas medidas inglesas: el pie, la pulgada, etc., y el reloj con la hora oficial del meridiano.

Reloj del Royal Observatory

El observatorio real (Royal Observatory) se podía visitar, previo pago. Dado que nos resultó un poco caro, y que el mayor atractivo de la visita parecía consistir en poder hacerse una foto en la línea que marca por dónde pasa el meridiano de Greenwich (pronúnciese grinich), desistimos de entrar. No obstante, si estás especialmente interesado en la visita, puedes ver nuestro enlace.

Cuadro de medidas oficiales británicas en el Royal ObservatoryCuadro de medidas oficiales británicas en el Royal Observatory

Además, la verdadera expectación estaba fuera del recinto. Eran cerca de las 13:00 horas, y se había congregado una multitud de gente para presenciar el espectáculo de cómo cae la bola que señala las horas en punto.

Ceremonia de la caída de la bola horaria en GreenwichCeremonia de la caída de la bola horaria en Greenwich

Se trata de un práctica antigua, que servía para que los barcos que navegaban por el Támesis supiesen la hora exacta. Incluso había quien se sacaba un dinero poniendo al día su reloj en Greenwich, y yendo hasta el centro de Londres para venderles la ‘hora exacta’ a los gentlemen de la City.

Ceremonia de la caída de la bola horaria en GreenwichCeremonia de la caída de la bola horaria en Greenwich

Una vez que bajó la bola, y habiendo comprobado la exactitud de nuestros relojes, nos encaminamos hacia una de las dependencias del Observatorio de Greenwich, de entrada gratuita, cerca del Planetario de Peter Harrison.

Dependencias del Real Observatorio de GreenwichDependencias del Real Observatorio de Greenwich

Entramos en él y nos sumergimos en una habitación oscura, donde se exhiben una serie de experimentos de Física. Nos detenemos en los más atractivos para los niños, como en el que se determina si una estrella tiene planetas o no, y salimos de la pequeña exhibición, no sin antes tocar el meteorito de la entrada, que pasa por ser la roca más antigua que podrás tocar jamás en la Tierra. 

La roca más antigua del mundoLa roca más antigua del mundo

Regresamos por la avenida de Blackheath, que finaliza en la estatua del general James Wolfe, y ahora todo era ya camino de bajada, lo cual agradecimos tanto pequeños como adultos.

Real Observatorio de GreenwichEstatua del general James Wolfe

Estatua del general James WolfeLa salchicha honesta de Greenwich

Parque de GreenwichParque de Greenwich

Teníamos hambre, y al ver un típico pub inglés donde servían comidas, entramos en él sin pensárnoslo demasiado.

Restaurante en Greenwich

Como suele suceder en estos casos, acertamos plenamente con la elección, ya que comimos fenomenal. Una vez concluida la comida, bajamos por la calle hasta dar nuevamente con el Cutty Sark.

Cutty Sark

Le dimos la vuelta entera, ya que se nos hacía un poco tarde para regresar al centro, viendo su casco a través de la cristalera, y fuimos hacia el embarcadero. Puedes entrar en la web del museo, por si te interesa visitarlo.

Cutty Sark

Fuimos hasta el embarcadero, adquirimos los tickets para el viaje en ferry, con un descuento gracias a la tarjeta Oyster, y esperamos en el muelle a que llegase el barco.

Ferry del Támesis

Este tardó unos 10 minutos en llegar. Suelen pasar con una frecuencia de unos 20 minutos, si bien depende del embarcadero y de la ruta que vayáis a coger. Podéis consultar los horarios y precios en enlace al transporte fluvial

Edificios de Canary Wharf desde el TámesisPuente de Tower BridgeEdificio de la City

Tower Bridge y edificios de la CityPuente de Millenium BridgeEdificios de la City

Hicimos un paseo espléndido por el Támesis durante una media hora, con recorrido parecido al de hace 2 días, pero más despacio, por lo que tuvimos más tiempo para admirar los distintos monumentos que se asoman al río.

Catedral de St. Paul's desde el TámesisViaje en ferry

Rascacielos de la CityVistas desde el Támesis

Tras hacer parada en varios embarcaderos, llegamos a Embankment Pier, que es donde nos íbamos a apear.

Embankment PierEmbankment Pier

Nos dirigimos esta vez por Northumberland Avenue, en dirección a Trafalgar Square. Se trata de una avenida con edificios señoriales que albergan numerosas embajadas.

Northumberland AvenueNorthumberland Avenue

Northumberland Avenue

Llegamos finalmente a Trafalgar Square. La animación de la plaza nada tiene que ver con la que nos encontramos la primera tarde del viaje. Hay gente por todas partes, haciéndose fotos, paseando, admirando los monumentos.

Plaza de Trafalgar SquarePlaza de Trafalgar Square

Nos sentamos un rato en una de las fuentes, para admirar todo el conjunto. De frente podemos ver toda la avenida de Whitehall, que lleva hasta el Big Ben y la abadía de Westminster.

Avenida de Whitehall desde Trafalgar SquareAvenida de Whitehall desde Trafalgar Square

Avenida de Whitehall desde Trafalgar SquareTrafalgar Square

Detrás de nosotros está la magnífica fachada de la National Gallery, que ya ha cerrado a estas horas. Finalmente nosotros no la visitaremos, pero nos vamos con cierta pena de no haber podido ver su extraordinaria colección. En este enlacepuedes visitar la web, por si os interesa cambiar esta visita por otra de las propuestas.

Fachada principal de la National Gallery desde Trafalgar SquareFachada principal de la National Gallery desde Trafalgar Square

Fachada principal de la National Gallery desde Trafalgar Square

En el centro de la plaza teníamos una altísima columna coronada por una estatua de Lord Nelson, y flanqueada por unos enormes leones que eran objetivo prioritario de los turistas para hacerse una foto con ellos.

Estatua de Lord Nelson en Trafalgar SquareTorre de St. Martin in the Fields en Trafalgar SquareTorre de St. Martin in the Fields en Trafalgar Square

En el resto de direcciones, un sinfín de hermosos edificios. Muchos de ellos albergando embajadas y organismos oficiales.

Edificios que rodean Trafalgar SquareEdificios que rodean Trafalgar Square

Edificios que rodean Trafalgar SquareEdificios que rodean Trafalgar Square

Y atrás, a la derecha, estaba la preciosa iglesia de St. Martin in the Fields. Nos acercamos a ella, por la curiosidad de ver la cafetería que hay en su interior, pero estaba cerrada. 

St. Martin in the FieldsSt. Martin in the Fields

Dimos una pequeña vuelta por el templo, de confesión protestante, y salimos nuevamente a la plaza.

Trafalgar SquareEstatua de Lord Nelson

Edificios de la plaza de Trafalgar SquareTrafalgar Square

Ahora nos dirigimos al barrio de St. James's por su calle principal Pall Mall. Se trata de un barrio donde se concentran muchas embajadas y organismos, y por ello la gente que puedes ver es de lo más selecta. Aún así, nos quedaríamos sin ver en nuestra visita a Londres alguien que llevase el bombín...

Sede de la Ceca en St. JamesCalle de Pall Mall

Calle de Pall Mall

Luego subimos hasta Old Street, donde nos tomamos un estupendo chocolate calentito, y reanudamos la marcha. Pasamos por la calle de Old Bond Street, donde un sinfín de tiendas exclusivas se abrían a uno y otro lado de la calle.

Tiendas exclusivas en Old Bond StreetTiendas exclusivas en Old Bond Street

Tiendas exclusivas en Burlington GardensTiendas exclusivas en Burlington Gardens

Una verdadera lástima que a estas horas ya estuviesen cerradas... Proseguimos por la calle de Burlington Gardens, donde nos encontramos con una tienda de ropa con unos escudos en su fachada, en los que presumen ser proveedores oficiales de los miembros de la corona británica. Esto lo podréis ver en varias tiendas, sobre todo de esta selecta zona.

Tiendas exclusivas en Burlington GardensTiendas exclusivas en Burlington Gardens

Camisería en Burlington Gardens

También encontramos con una camisería a medida, donde puedes ver desde el escaparate cómo confeccionan las prendas, y con un panel donde indican la hora a la que está previsto que el cliente puede recoger su encargo.

Camisería en Burlington Gardens

Seguimos nuestro camino por Regent Street, y nos desviamos por la pequeña calleja de Heddon Street, que estaba repleta de terrazas con un extraordinario ambiente. Y si tienes mucho calor, puedes además refrescarte en el Ice Bar.

Animado callejón de Heddon StreetRegent Street

Terrazas en Heddon Street

Desde allí anduvimos un par de manzanas hasta que llegamos a Carnaby Street. Se trata de una calle comercial, especialmente de ropa para gente joven, aunque puedes encontrar tiendas de todo tipo.

Calle comercial de Carnaby StreetCalle comercial de Carnaby Street

Calle comercial de Carnaby StreetCalle comercial de Carnaby Street

Aquí encontramos un estupendo almacén donde había prácticamente de todo: ropa, muebles, y sobre todo artículos de regalo. Adquirimos unos cuantos souvenirs para amigos y familiares, y salimos a la calle, donde nos escoltaban dos estupendos guardias.

Beefeaters vigilando la entrada a una tienda de Carnaby StreetBeefeaters vigilando la entrada a una tienda de Carnaby Street

Nos encaminamos de nuevo a la zona de Piccadilly Circus, donde adquirimos más recuerdos en las tiendas que rodean estas calles. Finalmente, para cenar, y ante la petición de los niños, nos metimos en un italiano.

Restaurante italiano cercano a Piccadilly Circus


Era hora de ir completando la jornada, y de despedirnos de las noches de Londres. Nada mejor para ello que la magnífica Piccadilly Circus, con sus anuncios luminosos. Ya sólo nos quedaba una mañana para disfrutar de la ciudad.

Piccadilly Circus de nochePiccadilly Circus de noche